11.6.17

Espuma de domingo



Fotografía: Aliza Razell


Los otros
Creo que no conocemos nunca los motivos de los demás. Ni los nuestros propios a veces. Tenemos la impresión de que nos manejamos bien y sabemos cómo son los que nos rodean y hasta predecimos sus actos, pero es la apariencia la que vemos, es la capa visible, lo que es fácil llevar a cuestas y mostrar. Debajo está la realidad. La que hace que seamos difíciles en el fondo, no los de temperamento pausado y trato sencillo que perciben los que nos rodean. En la intimidad escuchamos música de cámara a las tres de la madrugada o asaltamos el frigorífico por si queda un yogur cremoso de coco o leemos poemas del siglo de Oro o paseamos a solas hasta que deseamos ardorosamente volver a casa o imaginamos que la vida que tenemos no es nuestra del todo. En esa intimidad es cuando se produce el verdadero diálogo, el que no es factible en ninguna otra circunstancia, el que nos reconcilia con nosotros mismos y permite que podamos seguir avanzando. Se trata de avanzar. A veces es bueno hacer algo que los demás no esperan. Escribir es concedernos esa ilusión de que algo nuestro va a ser restituido a la realidad y que va a tener vida propia.

Perder
Perder es hermoso, te hace pensar en la victoria.

Tokio, niños, pescado, fútbol
Anoche soñé que vivía en Tokio. Como el cine impregna los sueños, el mío era un Tokio a lo Blade Runner. Eran las calles que recorre Deckard. A falta de replicantes o de geishas, vi ejércitos de niños. Niños japoneses. Iban y venían entre los puestos de pescado o miraban escaparates en donde televisiones gigantescas retransmitían un partido de fútbol. En cierta ocasión pensé en escribir los sueños. No su trama, no la parte narrativa, sino su contenido. El de anoche contendría Tokio, niños, pescado, fútbol. De alguna forma imaginaba que si leía ese resumen injusto el sueño volvería con cierta nitidez o mi cabeza lo recompondría de modo que quizá saliese un cuento o un poema. Todavía me fascina la gestación de los cuentos. De no haber nada, de ese silencio o de esa oquedad limpia, nace una historia. La literatura es un sueño memorizado.


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